viernes, 25 de diciembre de 2009

NASHA: LA 'GRAN MADRE'



(Una historia anticotidiana)

En una aldea vivía una mujer muy amada y muy querida. Nasha era su nombre y era esposa de Khishka. Khishka era un HIJO para ella y Nasha era una Madre para él. Por eso, la gente de la aldea, la llamaba: la ‘GRAN MADRE’. Recibió ese nombre tras la muerte de su esposo. Ella inició a muchos discípulos extendidos por toda la región, caracterizada por el silencio de las montañas, la inmensidad de las pampas, el silbido de los vientos, el rugir de las fieras, el imponente cielo azul, el sol resplandeciente, la noche estrellada, y el canto de los ríos.

Uno de sus discípulos vivía en una lejana ciudad y solía visitarle tres veces al año. Era un verdadero devoto pues, hacía grandes sacrificios para estar unos momentos con su Maestra. En su último viaje, a la ‘GRAN MADRE NASHA’, la encontró recostada en su regazo esperando su llegada. Éste, en cuanto llegó, se acercó a ella y, postrándose a sus pies, dijo suplicantemente:

-¡Aquí me tienes, señora mía, para lo que se le ofrezca!

Ella, acariciando la cabeza de su discípulo, dijo:

-¡Hijo mío, ha llegado mi hora! ¡Tú siempre tan guapo y tan amable! Pero, a partir de ahora, ya no tendrás que caminar tanto. Lo has hecho durante veinte años y eres capaz de hacerlo por el resto de tu vida. ¡La prueba fue suficiente! Ahora ya no te será necesario que me veas siempre aquí, yo puedo ir allí donde tú estás. Y desde mañana deja de hacer esto. Abandona todos los sacrificios que hacías para venir a verme. Ahora yo la haré. Antes de que comas, me verás cada día. Te doy mi palabra y conserva éste cayado contigo y, cuando te llegue la hora, dáselo a uno de los tuyos.

El discípulo, en tan absoluto silencio y postrado a los pies de su señora, se llenó de alegría y comprendió su mensaje. Luego tomó el cayado, besó los pies de la MADRE, y dijo con voz suave:

-¡Que se cumpla en mí lo que has dicho, mi Señora!

Dicho esto, se abrió espacio entre la gente y se marchó en absoluto silencio rumiando las palabras de la ‘GRAN MADRE’. Caminó jornadas enteras hasta llegar a su casa.

Al día siguiente, antes de la comida del medio día, alguien tocó la puerta. Fue y se encontró con una anciana que estaba de paso por la aldea y que iba hacia la ciudad. Como era la hora de comer, él, muy amablemente, condujo a la señora hacia el comedor y almorzó con ella. Luego le mostró el camino hacia la capital.

Al otro día, antes del desayuno, mientras regaba el jardín, con una manguera, haciendo caer el agua cual si fuera una lluvia, se presentó una pareja de colibríes, quienes, aprovechando la oportunidad, se mecieron en el agua que suavemente caía. El color de sus plumas resplandecía al juntarse con los rayos del sol. Y el discípulo, muy encantado por la escena, contempló a los colibríes cómo aleteaban, cómo se mecían y cómo posaban en la piedra que se encontraba debajo del limonero. Luego, felices y contentos, las avezuelas, emprendieron un vuelo fugaz y desaparecieron de su presencia.

Al día siguiente, se presentó en la puerta de su casa un perrita callejera, bastante gordita, pues estaba a punto de tener sus crías. Él las acogió, la cuidó, y la perrita, llegado el tiempo, tuvo sus cachorros y se quedó definitivamente a vivir con él. Sus cachorros crecieron y algunos conocidos suyos se llevaron como regalo de las fiestas de fin de año.

Esto y muchas escenas, ocurrido constantemente en la vida cotidiana del discípulo, propiciaron la transformación de aquel hombre en un ser completamente nuevo. La llama de fuego que había comenzado a arder en el lecho de la ‘GRAN MADRE’ creció y creció, y se encaminó hacia la suprema iluminación de aquel discípulo amado por la gran mujer.

Con el tiempo fue comprendiendo el último mensaje pronunciado por su ‘GRAN MADRE’ y ‘MAESTRA’. Ahondó en silencio absoluto, en alegría suma, en éxtasis total, en el estado de la suprema libertad, cada una de las palabras de su ‘MAESTRA’ y, cuando llegó el tiempo, alcanzó la transformación total. Así las palabras de la ‘GRAN MADRE’ se cumplieron y la vida del discípulo se convirtió en éxtasis, alegría y bendición para los suyos.

Ser madre es una de las mayores responsabilidades que un ser humano puede tomar. Pero ser madre está reservado a la mujer, no a la mujer que intenta ser varón sino a la mujer completa. Ser madre es un nuevo nacimiento y, como tal, es muy arriesgado. La madre esa creadora de un ser humano, esa creadora de un Jesús, de un Buda, de un Zaratustra, de un Sócrates, de un Khishna… ¡La mayor de las creaciones está en las manos de LA MADRE! La Existencia, la Naturaleza, Dios, pusieron su confianza en ella para que, por ella, la humanidad entera se ilumine.

Toda madre completa asume la tarea de crear un gran ser humano. Desde el momento en que el huésped llega a su seno la toma con alegría, comienza a tallar una vida, empieza a proteger un tesoro para la humanidad que, llegado el tiempo, podrá dar fruto abundante. Toda madre completa está creando algo inmensamente valioso para la Existencia. Toda la Existencia le ha elegido por Madre, por eso, Madre, es una palabra sagrada.

La maternidad es algo existencial y, por eso, ser madre, es el mayor arte que existe en el mundo. Ser madre, como arte, está más allá de todo arte porque está creando un ser humano nuevo. Éste arte supremo ha sido confiado a la gran pareja humana: la ‘GRAN MADRE’ y el ‘GRAN MAESTRO’. Por eso, el Gran Maestro o la Gran Madre, puede ser maternal con cualquiera, incondicionalmente. Tú también puedes ser maternal incondicionalmente con un animalito, puedes ser maternal con un árbol, puedes ser maternal con cualquier cosa. Ser maternal es un detalle con la cual has llegado a este mundo. Ser maternal significa que eres capaz de amar incondicionalmente, de amar a alguien por puro gozo de amar; de ayudar a alguien por puro gozo de ver a alguien crecer. Un terapeuta auténtico es ser una Madre. Un Maestro es un terapeuta auténtico, su mera presencia es terapéutica. Jesús es el fruto de la ‘Gran Madre’, María; y del ‘Gran Maestro’ José. La fusión de ambos desembocó en la venida de un Maestro como Jesús, cuyo nacimiento recordamos hoy. Los títulos dados a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador, el Redentor, responden a la admiración, al asombro, al respeto, a la reverencia, provocada por un ser humano de la calidad de un Buda o un Cristo.
¡Éste es el día! ¡Esto es Navidad! Navidad es un fenómeno acaecido en el seno de la Madre Existencia. Aquella Suma Maternidad Existencial que protege, cuida, ampara por todas partes, por todos los lados, en todas las dimensiones, como una Madre, al hijo de sus entrañas. Madre es sinónimo de Dios. Dios es sinónimo de Madre. Madre es sinónimo de Vida. Vida es sinónimo de Madre. Madre es sinónimo de Existencia. Existencia es sinónimo de Madre. ¡Esto es motivo de alegría y fiesta! ¡Feliz Navidad!

Khishka

2 comentarios:

El antifaz dijo...

Interesante reflexión.
Había leído otras, pero esta aporta algo nuevo, y muy positivo.

Felicidades.

Mariposa en silencio dijo...

Muy bonita tu historia, muy acertada la reflexión... felicidades... besitos