miércoles, 13 de enero de 2010

LA SALA DE ESPERA

(Nuestro comportamiento con la vida)

Todos los viajeros de una famosa estación de tren, recibieron un comunicado por los altavoces del edificio. La voz decía:

-Estimados viajeros: el tren Sureño tuvo un percance y no sabemos exactamente a qué hora estará en la estación. Así que estén alertas para cualquier momento.

Pasado unos momentos hubo otro comunicado, esta vez respecto al tren Norteño. La voz decía:

-Estimados viajeros: el tren Norteño está en mantenimiento forzoso y no sabemos exactamente a qué hora estará en la estación central. De todos modos, estén atentos.

Una hora después recibieron también el siguiente anuncio:

-Estimados viajeros: les pedimos mil disculpas, el tren Estrella del Este, no podrá estar a la hora indicada porque sufrió un accidente; los discos de la locomotora están muy gastadas y esa fue la causa de que se desvíe del carril. Así que demoraremos bastante para estar en la estación central. Les avisaremos cuando ya tengamos los repuestos y darles la esperanza de viajar a todos los pasajeros. ¡Tengan paciencia! Estén preparados para cualquier sorpresa.

Poco a poco, tanto los viajeros del Sur, del Norte, como del Este, se aglutinaron en la ‘Sala de espera’. Llegaron de todos los lugares y el recinto se llenó completamente. Ya no había un espacio para más gente y los trenes no aparecían. Los lugares donde se encontraban los servicios básicos de higiene, los puestos de comida, artículos de consumo, de recreación y otros, estaban repletos de gente. Al no haber espacio los viajeros escupían, votaban las cáscaras de fruta donde sea, hacían sus necesidades básicas donde se les ocurría, algunos bebían licores para matar el tiempo, se emborracharon, armaron pleitos, comenzaron a pelear, algunos a robar, otros a violar mujeres, hacían toda clase de cosas que jamás había ocurrido en aquella prestigiosa ‘Sala de Espera’ de la estación ferroviaria. Todo este caos ocurría mientras esperaban el tren.

La gente que seguía llegando a la estación era consciente que, todo cuanto acaecía allí, era sólo un tiempo, unos días, e incluso, sólo unas horas pues, luego, debían marcharse. Era una verdadera multitud reunida esperando viajar a sus destinos. No pasaron muchas horas cuando apareció el primer tren, luego el segundo, después el tercero, y se armó otro alboroto. Los gendarmes decidieron poner orden pero no pudieron lograr. Todos los vagones, de los tres trenes esperados, se llenaron rápidamente. Luego, después de tanto ajetreo, por fin la gran masa de gente que se había reunido en aquella estación no tardó en abandonarla. Pero, como consecuencia de todo, dejó hecho un asco la pobre ‘Sala de Espera’, repleta de basura, con olores nauseabundos, desperdicios, e infinidad de cosas. ¡La ‘Sala’ quedó irreconocible!

Esta metáfora refleja nuestro comportamiento con la vida. Tratamos a la vida como si fuera una residencia provisional. Pareciera que no hay necesidad de limpiarla, embellecerla, volverla más encantadora, más poética, más romántica, más alegre, más rítmica, más artística y, lo único que hemos hecho con ella es, llenarlo de nuestras basuras mentales y ensuciarla.

Hoy más importante que la ‘vida como tal’ es una creencia, a quien hay que defenderlo sacrificando incluso la propia vida; es más importante que la vida una determinada ideología, a quien hay que servirle y vivir siendo esclavo suyo; es más importante que la vida una institución muerta, unas leyes muertas, unas normas de consuelo y dominio, unas políticas muertas que no son más que formas de ser irreligioso.

En la mentalidad actual hay una profunda reverencia por la muerte, por las tumbas, por lo arqueológico, por la violencia, por lo que viene después de la muerte. Es una mente estúpida que está en contra de la vida, como si la vida sirviera únicamente para renunciarla u ocultarla antes que transparentarla y vivirla; sacrificarla por ideas de ultratumba; negarla por la supervivencia de una iglesia o secta. Esto es sin duda una especie de religiosidad centrado en las tumbas, en la muerte, en la no vida, en la irreligiosidad.

La religión, tal como lo hemos conocido, al menos en Occidente, tiene un enfoque erróneo y sus funcionarios siguen insistiendo en creencias, en ideas, en ideologías y demás cosas absurdas. En realidad todas esas cosas son un insulto a la dimensión religiosa del ser humano. Religión es el arte de vivir, es una escalera para descender a las raíces de la vida, es abrir los ojos a la vida, no es dar la espalda. Religión es un encuentro con la vida. Deberíamos escudriñar profundamente las raíces de la vida, deberíamos saborearla momento a momento, deberíamos vivirla instante a instante, deberíamos tener una reverencia única por ella, ya que es la única manera de amarla, disfrutarla y familiarizarse con ella.

Durante cinco milenios hemos preferido más una idea preconcebida de un Dios que está en contra de la vida y a favor de nuestro esquema mental; hemos preferido imitar a individuos muertos, sobre cuyos cadáveres hemos construido nuestras religiones e iglesias; hemos preferido disfrazar la vida con toda clase de máscaras religiosas y políticas para huir de su desnudez; hemos hecho tantas cosas que ahora ya no somos capaces de ver la verdad de la vida. Estamos totalmente condicionados para imponer constantemente nuestra estructura mental, es decir, nuestro capricho sobre el flujo de la vida. Pero esta intención no es más que una soberana ilusión. ¡Qué poco respetuosos hemos sido con la vida!

La vida es un enorme tesoro oculto. Está burbujeando tesoros. Hace falta explorarla en todas sus dimensiones para encontrar el eterno regocijo, la dicha eterna de existir, y el encanto de estar vivos.

He escuchado esta hermosa historia China. Una mañana, antes de que salga el sol, un pescador fue al río. Cerca de la orilla sintió algo debajo de sus pies, y descubrió que era una pequeña bolsa de piedras. Recogió la bolsa y, echando la red a un lado, se hincó en la orilla del río esperando la salida del sol.

Mientras esperaba la llegada del sol, para iniciar su trabajo diario, perezosamente, cogió una a una las piedritas de la bolsa y comenzó a lanzar al flujo del agua. Las piedritas, una a una, caían ‘Plop’ y desaparecía en el fondo de las aguas. Y el pescador se entretenía con el sonido. Al no tener otra cosa que hacer, siguió lanzando las piedras, una por una...

El sol fue saliendo más y más, hasta llegar al lugar donde estaba el pescador. Ya había lanzado casi todas las piedritas, excepto una. Lo tenía en la mano. Cuando vio, a la luz del día, la última piedrita, se enteró que lo que tenía en su haber ¡era nada menos que una piedra preciosa, un diamante! Pero que, en la oscuridad, había arrojado muchas de ellas. ¡Cuánto había perdido sin darse cuenta! Lleno de remordimientos, se maldijo a sí mismo, sollozó, lloró y casi enloqueció de pesar.
Repito: la vida es un enorme tesoro oculto. Tiene tantas cosas bellas, pero las desperdiciamos, las despilfarramos, las perdemos, y la vida se desvanece. Sin embargo, nunca es tarde para dejar de desperdiciarlo. Aún a la tarde de la vida puedes darte cuenta de que, habiéndote llegado la Luz, tienes una hermosa piedra preciosa entre tus manos. Con ese único tesoro, antes oculto, podrás zambullirte en las aguas de la vida y comenzar a vivirla, gustarla y amarla. ¡Ésta es tu única oportunidad! ¡No la desperdicies! ¡Explórala todos sus rincones! ¡Conózcala en todas sus dimensiones!


Khishka

domingo, 10 de enero de 2010

EL ANCIANO KHISHKA

(Sobre la nada)

Dos muchachos, sabiendo que el anciano tenía la respuesta, le preguntaron:

-Maestro, dinos ¿de dónde surge la vida? ¿Por qué dicen que la vida es un misterio?
Khishka, dijo a uno de ellos:

-Tú, ¿ves aquel árbol?

El muchacho contestó:

-Sí, lo veo.

El anciano continuó:

-Coge uno de sus frutos y traédmelo.

Y dirigiéndose al otro, dijo:

-Y tú, ayúdale a tu amigo.

Los dos muchachos fueron a carrera, se acercaron al árbol del papayo y sustrajeron la que estaba a punto. Acto seguido depositaron en las manos del Maestro. Y, éste, tomó la ‘navaja’ que siempre llevaba consigo y, con ella, partió la fruta en dos. Luego les dijo:

-Ahora, ¿qué ven en ella?

Ambos respondieron:

-¡Muchas semillas!

Luego, el maestro ordenó:

-Tomad, cada uno, una semilla y partidla.

Los chavales, muy obedientes, partieron la semilla como pudieron y, después, escucharon atentamente la intervención del anciano:

-Ahora díganme ¿qué encontraron en ella?

Ellos dijeron:

-Nada.

Y el anciano replicó:

-Como han visto, todo surge de la ‘Nada’. Aquel árbol espléndido del papayo, tan hermoso e imponente que –para tumbarlo, necesitas el auxilio de algún instrumento– nutre a millones de seres y, sin embargo, ha surgido tan sólo de una semilla. Pero cuando partisteis la semilla no encontrasteis nada, ¿verdad? Ese es el misterio de la vida: ¡Todo surge de la nada! Fíjense en esto: un día ese árbol desaparecerá y nadie sabrá dónde se ha ido; no podrán encontrarlo en ningún sitio. Así es nuestra vida: surgimos de la nada, somos la nada, y desaparecemos en la nada. En fin nuestra vida tiene un mensaje indefinible.

Dicho esto los dos muchachos, después de haber aprendido la lección, se alejaron de la presencia del Maestro. Y el Maestro se sentó en silencio debajo de la higuera, juntó sus manos y cerró lo ojos. Un aura de bendición rodeó todo el lugar. ¡Y llovieron flores!

Ante la vida la respuesta es muy importante pero, sobre todo, el silencio es más que importante. La gente común pregunta y se conforma con una respuesta filosófica pero, la vida, no exige nada más que el silencio. Todo este vasto universo ha surgido de la nada y sus notas musicales son el silencio y la alegría. A menos que seas silencioso y alegre, nada y vacío, Dios no podrá visitarte.
Khishka

viernes, 25 de diciembre de 2009

NASHA: LA 'GRAN MADRE'



(Una historia anticotidiana)

En una aldea vivía una mujer muy amada y muy querida. Nasha era su nombre y era esposa de Khishka. Khishka era un HIJO para ella y Nasha era una Madre para él. Por eso, la gente de la aldea, la llamaba: la ‘GRAN MADRE’. Recibió ese nombre tras la muerte de su esposo. Ella inició a muchos discípulos extendidos por toda la región, caracterizada por el silencio de las montañas, la inmensidad de las pampas, el silbido de los vientos, el rugir de las fieras, el imponente cielo azul, el sol resplandeciente, la noche estrellada, y el canto de los ríos.

Uno de sus discípulos vivía en una lejana ciudad y solía visitarle tres veces al año. Era un verdadero devoto pues, hacía grandes sacrificios para estar unos momentos con su Maestra. En su último viaje, a la ‘GRAN MADRE NASHA’, la encontró recostada en su regazo esperando su llegada. Éste, en cuanto llegó, se acercó a ella y, postrándose a sus pies, dijo suplicantemente:

-¡Aquí me tienes, señora mía, para lo que se le ofrezca!

Ella, acariciando la cabeza de su discípulo, dijo:

-¡Hijo mío, ha llegado mi hora! ¡Tú siempre tan guapo y tan amable! Pero, a partir de ahora, ya no tendrás que caminar tanto. Lo has hecho durante veinte años y eres capaz de hacerlo por el resto de tu vida. ¡La prueba fue suficiente! Ahora ya no te será necesario que me veas siempre aquí, yo puedo ir allí donde tú estás. Y desde mañana deja de hacer esto. Abandona todos los sacrificios que hacías para venir a verme. Ahora yo la haré. Antes de que comas, me verás cada día. Te doy mi palabra y conserva éste cayado contigo y, cuando te llegue la hora, dáselo a uno de los tuyos.

El discípulo, en tan absoluto silencio y postrado a los pies de su señora, se llenó de alegría y comprendió su mensaje. Luego tomó el cayado, besó los pies de la MADRE, y dijo con voz suave:

-¡Que se cumpla en mí lo que has dicho, mi Señora!

Dicho esto, se abrió espacio entre la gente y se marchó en absoluto silencio rumiando las palabras de la ‘GRAN MADRE’. Caminó jornadas enteras hasta llegar a su casa.

Al día siguiente, antes de la comida del medio día, alguien tocó la puerta. Fue y se encontró con una anciana que estaba de paso por la aldea y que iba hacia la ciudad. Como era la hora de comer, él, muy amablemente, condujo a la señora hacia el comedor y almorzó con ella. Luego le mostró el camino hacia la capital.

Al otro día, antes del desayuno, mientras regaba el jardín, con una manguera, haciendo caer el agua cual si fuera una lluvia, se presentó una pareja de colibríes, quienes, aprovechando la oportunidad, se mecieron en el agua que suavemente caía. El color de sus plumas resplandecía al juntarse con los rayos del sol. Y el discípulo, muy encantado por la escena, contempló a los colibríes cómo aleteaban, cómo se mecían y cómo posaban en la piedra que se encontraba debajo del limonero. Luego, felices y contentos, las avezuelas, emprendieron un vuelo fugaz y desaparecieron de su presencia.

Al día siguiente, se presentó en la puerta de su casa un perrita callejera, bastante gordita, pues estaba a punto de tener sus crías. Él las acogió, la cuidó, y la perrita, llegado el tiempo, tuvo sus cachorros y se quedó definitivamente a vivir con él. Sus cachorros crecieron y algunos conocidos suyos se llevaron como regalo de las fiestas de fin de año.

Esto y muchas escenas, ocurrido constantemente en la vida cotidiana del discípulo, propiciaron la transformación de aquel hombre en un ser completamente nuevo. La llama de fuego que había comenzado a arder en el lecho de la ‘GRAN MADRE’ creció y creció, y se encaminó hacia la suprema iluminación de aquel discípulo amado por la gran mujer.

Con el tiempo fue comprendiendo el último mensaje pronunciado por su ‘GRAN MADRE’ y ‘MAESTRA’. Ahondó en silencio absoluto, en alegría suma, en éxtasis total, en el estado de la suprema libertad, cada una de las palabras de su ‘MAESTRA’ y, cuando llegó el tiempo, alcanzó la transformación total. Así las palabras de la ‘GRAN MADRE’ se cumplieron y la vida del discípulo se convirtió en éxtasis, alegría y bendición para los suyos.

Ser madre es una de las mayores responsabilidades que un ser humano puede tomar. Pero ser madre está reservado a la mujer, no a la mujer que intenta ser varón sino a la mujer completa. Ser madre es un nuevo nacimiento y, como tal, es muy arriesgado. La madre esa creadora de un ser humano, esa creadora de un Jesús, de un Buda, de un Zaratustra, de un Sócrates, de un Khishna… ¡La mayor de las creaciones está en las manos de LA MADRE! La Existencia, la Naturaleza, Dios, pusieron su confianza en ella para que, por ella, la humanidad entera se ilumine.

Toda madre completa asume la tarea de crear un gran ser humano. Desde el momento en que el huésped llega a su seno la toma con alegría, comienza a tallar una vida, empieza a proteger un tesoro para la humanidad que, llegado el tiempo, podrá dar fruto abundante. Toda madre completa está creando algo inmensamente valioso para la Existencia. Toda la Existencia le ha elegido por Madre, por eso, Madre, es una palabra sagrada.

La maternidad es algo existencial y, por eso, ser madre, es el mayor arte que existe en el mundo. Ser madre, como arte, está más allá de todo arte porque está creando un ser humano nuevo. Éste arte supremo ha sido confiado a la gran pareja humana: la ‘GRAN MADRE’ y el ‘GRAN MAESTRO’. Por eso, el Gran Maestro o la Gran Madre, puede ser maternal con cualquiera, incondicionalmente. Tú también puedes ser maternal incondicionalmente con un animalito, puedes ser maternal con un árbol, puedes ser maternal con cualquier cosa. Ser maternal es un detalle con la cual has llegado a este mundo. Ser maternal significa que eres capaz de amar incondicionalmente, de amar a alguien por puro gozo de amar; de ayudar a alguien por puro gozo de ver a alguien crecer. Un terapeuta auténtico es ser una Madre. Un Maestro es un terapeuta auténtico, su mera presencia es terapéutica. Jesús es el fruto de la ‘Gran Madre’, María; y del ‘Gran Maestro’ José. La fusión de ambos desembocó en la venida de un Maestro como Jesús, cuyo nacimiento recordamos hoy. Los títulos dados a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador, el Redentor, responden a la admiración, al asombro, al respeto, a la reverencia, provocada por un ser humano de la calidad de un Buda o un Cristo.
¡Éste es el día! ¡Esto es Navidad! Navidad es un fenómeno acaecido en el seno de la Madre Existencia. Aquella Suma Maternidad Existencial que protege, cuida, ampara por todas partes, por todos los lados, en todas las dimensiones, como una Madre, al hijo de sus entrañas. Madre es sinónimo de Dios. Dios es sinónimo de Madre. Madre es sinónimo de Vida. Vida es sinónimo de Madre. Madre es sinónimo de Existencia. Existencia es sinónimo de Madre. ¡Esto es motivo de alegría y fiesta! ¡Feliz Navidad!

Khishka

sábado, 28 de noviembre de 2009

¡‘LA MULA O LA VIDA’!


(Melgarejo, un destello de Sabiduría)

En Bolivia, en el año 1840, Don Mariano Melgarejo, por entonces sargento, estaba yendo a pie de Oruro a Tacna (Perú), sin llevar nada más que unos pocos pesos y su fusil. Había andado dos días; las fuerzas enemigas le perseguían; y él se encontraba fatigado y rendido. Luego, a lo lejos, vio venir un jinete en una rica mula, era un sacerdote, un párroco de un curato inmediato que regresaba de una confesión.

Melgarejo se acercó y, viendo que no había nadie en aquel lugar desértico, preparando su fusil y apuntando al pecho del cura, le gritó:

-¡Bájese, padre cura! ¡La mula o la vida!
El sacerdote más muerto que vivo del susto, ante aquel encuentro inesperado, echó pie a tierra.
Melgarejo añadió:
-No me tome por bandido señor cura. Soy un hombre honrado; soy el sargento Mariano Melgarejo, vengo huyendo y necesito una montura para salvar mi vida. Perdone usted, y esté seguro de que algún día corresponderé a este favor. ¿Cómo se llama usted, señor? –Preguntó–.

Y sacando del bolsillo un lápiz y un papel apuntó el nombre del sacerdote y montando en la mula se alejó rápidamente, mientras el cura, triste, asustado, y cariacontecido, siguió a pié el camino hacia la parroquia, donde refirió a todos el percance que le había acontecido.

El cura dio por perdida su rica mula, cuando, después de algún tiempo de este suceso, un día se presentó en su casa un arriero y le entregó su mula, con su mismo ensilladero y una carta de Melgarejo; se la devolvía desde Tacna y le manifestaba su agradecimiento.

Veinticinco años más tarde, y siendo ya Melgarejo presidente de la República de Bolivia, la primera vez que pasó por Oruro, averiguó con mucho interés el paradero de aquel cura, cuyo nombre no recordamos, y como le dijeran que había muerto hacía mucho tiempo y que sólo vivía su madre y muy pobre, Melgarejo exclamó en un arranque de gratitud y de nobleza:

-Pues no puedo pagarle a ese hombre un favor que le debía, he de pagárselo a su madre. E inmediatamente compró una casa que regaló a la anciana señora, obsequiándole además, con una buena suma de dinero, en recuerdo del servicio que le debía a su hijo.

Ésta hermosa anécdota se lo debemos a Tomás O’Connor D’arlach, quien anota en su prólogo al libro ‘EL GENERAL MELGAREJO’ (Hechos y dichos de éste hombre célebre) algunas aseveraciones de Pablo Subiera a cerca de este personaje notable: “Era grande y pequeño: reía ante el incendio de un pueblo y lloraba ante el dolor de un niño; despreciaba a los hombres de Estado y adoraba a una mujer vulgar… Los instintos, hábitos y propensiones de todos los animales feroces y benignos, habían ido a buscar representación en esa síntesis de todas las pasiones, desde la ambición, hasta la concupiscencia y desde la ira hasta la piedad… Todo era en él orgánico, fisiológico, material; el fulgor fascinador de la mirada del tigre ardía en sus pupilas, una espuma verdosa bañaba sus labios, y hasta esa palpitación jadeante de sus fauces decían en ciertos momentos que su pecho era una caverna de pasiones contradictorias de luchas tremendas y hasta de ambiciones absurdas”. En él convergían los defectos y las cualidades; no era ni santo ni pecador; simplemente era un hombre, un hombre como tal, hecho y derecho, un hombre sabio, un hombre natural, tal como la existencia quiso que fuera. En una palabra: una ‘síntesis’ de la Totalidad porque, en él, se disuelven las contradicciones que aparentemente existen. Un militar así, tan notable y tan singular en la historia de Bolivia, es digno de mención.

Melgarejo ha sido total, es decir, un encuentro de polaridades. Él era tanto el día como la noche, la virtud como el vicio, lo negativo como lo positivo, el cielo como la tierra, el fuego como el agua. Un hombre cabal, completo e íntegro. Simplemente ha aceptado lo que hay y, aceptando lo que hay, él se ha aceptado en su totalidad. Él ha vivido su verdad en su completa desnudez, como quiera que sea, no tuvo ningún interés en interferir en la corriente de la vida.

Si hay un hombre hermoso en la historia de Bolivia, a quien vale la pena recordar, es Melgarejo por su totalidad, por su destello de sabiduría. Ese Melgarejo, ese sabio, es un círculo perfecto. Lo contiene todo, no rechaza nada. Ese es el SOFOS, una hermosa palabra que define un hombre hermoso, sabio, digno de respeto y admiración. En la escuela se enseña de Melgarejo apenas la parte defectuosa, la parte inmoral, la parte loca, y se olvida su cualidad, su sentido profundamente humano. Por eso conviene tomar al individuo en sí, el todo, sin prejuicios morales y sin conocimientos prestados. Así es como se debe mirar: con la cualidad de una tabula rasa, a esta clase de personalidades notables.

SOFOS es una palabra hermosa que significa Sabio. Viene de SOFÍA que significa Sabiduría. Y la sabiduría no es conocimiento, no es información. Sabiduría es algo que surge en ti; es tu florecimiento, es tu fragancia. Con la sabiduría te vuelves luminoso; con ella eres la convergencia de las polaridades; con ella estás en el centro, arraigado e integrado; dejas de ser fragmentario; eres un Todo. Eres Universal. La Sabiduría es una revolución en tu ser, porque sucede en el santuario mismo de tu ser. No es prestada como el conocimiento o la información; como las escrituras o las doctrinas; como los sistemas de pensamiento o los credos; como los argumentos o las conjeturas. La sabiduría es tu propia experiencia, individual, pura y auténtica. ¡Tú sabes! ¡Has llegado! Por eso FILOSOFÍA significa AMOR A LA SABIDURÍA, término que se lo debemos a Pitágoras. Y la sabiduría nunca es intelectual, es intuitiva, por eso es salvaje. No es de la cabeza, es del corazón. La filosofía es como la persona amada y, la persona amada, es algo divino. Y si es así no es comparable con la filosofía moderna que en sí no es filosofía sino ‘sofistería’, es decir, aquello que trata de conocimientos, informaciones, que es pura palabrería y palabrería repetitiva. Escuché decir: copiar un artículo se llama plagio; copiar de un libro se llama tesis; y copiar de varios libros se llama tesis doctoral. Esto, como tal, es algo estúpido, es algo repugnante, grotesco, feo, como una ‘prostituta’, palabra que definiría acertadamente la filosofía moderna y sus filósofos.


En cambio SOFOS, el Sabio, es el producto más hermoso del universo, de la Existencia y de la vida. ¡Afortunados son los que han bebido de sus aguas!




Khishka

¿QUÉ ES UN SANTO?


(¡Sé un sabio, no un santo!)

Escuché la siguiente anécdota: Un rabino muy conocido y muy santo se encontró con un sacerdote católico en un banquete.

El sacerdote dijo al rabino:
-Tome un poco de jamón.
El rabino contestó:
-No me apetece.
El cura insistió:
-¡Venga! Pruebe un poco. Está muy bueno.
El rabino respondió:
-Gracias, pero no pruebo la carne porque mi religión no me permite.
-¡Es realmente deliciosa! –Suspiró el sacerdote–.
Y Cinco minutos después volvió a insistir:
-¡Hombre! Debería de probar este jamón, al menos un poco. ¡Le va a gustar!
-No, gracias –replicó el rabino–.
Después de la comida, los dos hombres, se estrecharon las manos. Luego, el rabino dijo al sacerdote:
-¿Le gusta hacer el amor con su esposa?
-¡Oh rabino! –Exclamó el cura–. Debería saber que no se nos permite estar casados. No puedo practicar el sexo, –añadió–.
Y el rabino dijo:
-Debería probarlo. Es más rica que el jamón.

Esta es la situación de cualquier santo: está recluido en una cierta mentalidad religiosa o política. Su característica principal es la represión. Conoce una mínima parte de la vida. En casos excepcionales apenas conoce la luz pero no sabe nada de la oscuridad, que también es bella, tan bella como la luz.

La vida florece gracias al encuentro de las polaridades. Sin el encuentro de ellas, cuyo resultado eres tú, no estarías aquí. La vida está justo en medio. El santo, aquel ente tan mentado en las religiones, es un diminuto fragmento de la Totalidad. Es algo incompleto. ¿Por qué? Porque santo es lo contrario al pecador. El pecador es su polo opuesto. Santo es aquel que no es pecador, que ha elegido la virtud, es decir, una determinada polaridad. No es íntegro. Se ha hecho enemigo de la otra polaridad. Ha elegido la virtud en vez del vicio.

El pecador es, en cambio, aquel que ha elegido el vicio en vez de la virtud. Por lo tanto, el santo depende del pecador y, el pecador, depende del santo. El santo no puede existir sin el pecador, el pecador es como una sombra del santo, como el santo es la sombra del pecador. El pecador no puede existir sin el santo. Son compañeros de camino, sólo pueden coexistir. Por eso no hay una diferencia esencial entre un santo u otro, sea de cualquier religión, como tampoco existe una diferencia esencial entre un pecador y otro al interior de cualquier credo.

Una niña por primera vez fue al Cine, y a su regreso su madre le preguntó:
-¿Qué te pareció el Cine?
La niña contestó:
-No hay mucha diferencia con las clases de catecismo en la Iglesia.
-¿Cómo? –dijo la madre–.
La niña afirmó:
-Sí, no hay mucha diferencia: en el Cine nos dicen: ¡por el amor de Dios no se levanten! ¡No se paren! Y en los cursos de catecismo nos dicen: ¡en el nombre de Jesús, levántense y alcen sus manos a Dios! No hay mucha diferencia.

¡No hay mucha diferencia entre un santo católico y un santo judío, un sacerdote o un rabino! Cualquier santo, esto es, de cualquier religión, es igual, es la sombra del pecador. Sin embargo todas las religiones están constantemente insistiendo en ‘ser santos’ a costa de contrarrestar a los pecadores. Pero si realmente quieren que desaparezcan los pecadores, tendrán que hacer desaparecer a los santos. Es preciso que desaparezca el sujeto para que desaparezca su sombra. Y en cuanto desaparezcan los santos, desaparecerán también los pecadores, porque la existencia del santo es la causa de la existencia del pecador y viceversa.

Visto superficialmente, los pecadores son desdichados y los santos son virtuosos. Si respetas a un santo, condenarás al pecador. La lógica de ambos es igual: uno elige el día y el otro la noche; uno elige lo amargo por dulce y el otro lo dulce por amargo; uno elige la luz y el otro la oscuridad. En el fondo no hay diferencia entre el pecador y el santo. La única diferencia es la elección que han hecho. Nada más. Es como si uno eligiera dormir de día y el otro de noche. Pero la vida no es sólo día ni sólo noche. No. La vida es ambos. Por tanto, el santo es la mitad y el pecador es la otra mitad. Sin embargo ambos son desdichados: unos porque pierden la belleza de la virtud y, otros, porque han reprimido algo que no puede ser destruido y que es esencial para la vida.

Un santo lleva en sí un pecador oculto, de ahí la hipocresía; y un pecador lleva en sí un santo oculto, de ahí su destello de belleza. La consciencia del santo es la inconsciencia del pecador y la consciencia del pecador es la inconsciencia del santo. Uno es la sombra del otro.

Por tanto, mi sugerencia es, por su puesto si compartes la idea: ¡No seas un santo o te lo perderás todo! ¡Sé un sabio! Pero un santo puede fingir ser sabio. Tiene la posibilidad. Por eso existe la hipocresía, pues el pecador es menos hipócrita que el santo, está en una posición mejor. Sé un Sabio, esto es, ni santo ni pecador, sino ambos, íntegro, total, completo, pleno como nuestra Madre, la Existencia.


Khishka

LOS CELOS


(Amor malentendido)

Henry y Sandra eran una pareja recién casada. Pasó la luna de miel y fueron invitados a los quince años de su sobrina. Una vez llegado al local de fiestas, casualmente, Henry se encontró con su amiga Fabiola y se saludaron efusivamente. Como el encuentro fue tan efusivo después de mucho tiempo, Fabiola, como solía acostumbrar en otrora, le invitó a bailar a Henry. Él pidió permiso de su flamante esposa para complacer a su amiga.

Cuando comenzaron a bailar demostraron elegancia y ritmo, y, al mismo tiempo, soltura y belleza en el baile. El baile apasionado y elegante, como en otrora lo hacían cuando solían ser pareja en los cursos de valet, despertó la admiración de la gente. Entre ellos, se escuchaba algunos susurros como este:
-¡Qué bien baila esa pareja! ¡Hacen buena pareja! En eso, una de las amigas se acercó a Sandra y le dijo:
-Sandra, no debes permitir esa escena. Eres recién casada. Es falta de respeto. Eres su esposa. Tú deberías estar en lugar de esa mujer.
Estas palabras tocaron el ego de Sandra, quien se sintió herida profundamente. Sintió celos, unas lágrimas corrieron por sus mejillas y comprendió que no debía tolerar más la escena, algo debía hacer. Y al sentirse apoyada por su amiga, dio razón a sus celos; se limpió el rostro y, muy autoritariamente, se acercó a Henry y le dio un sopapo diciendo:
-¡Qué te has creído! ¿Para eso me has traído? ¿Para hacerme quedar en vergüenza?
Y Henry dijo:
-¡Pero Sandra! ¿Qué te pasa? ¡Te he pedido permiso! Sólo estoy bailando con mi amiga. Estamos recordando aquellos tiempos cuando éramos muchachos e íbamos a los cursos de valet. Eso es todo.
Pero no habiendo sido suficiente la explicación, se apoderó de Sandra unos celos que no pudo contenerse. Se dio la vuelta y con lágrimas en los ojos, tomó sus pertenencias y se fugó a casa. Una vez llegado, locamente aturdida por la escena demostrado por su flamante esposo, arrasó con todo, tumbó las cosas, rompió los cristales e hizo cuanto se le vino en gana. Su casa, nueva y hermosa, se convirtió en un verdadero infierno. Enseguida vino tras de ella Henry, quiso calmarla, pero fue imposible. Comenzó a arrojarle cosas sobre la humanidad de su esposo hasta que el marido tuvo que salir silbando de la casa. Esa noche, el hombre, quedóse en un Hotel y al día siguiente, cuando se asomó a la puerta, parecía captar un silencio absoluto, y comenzó a llamar a Sandra. Decía:
-¿Sandra? ¿Estás ahí? Perdóname, no quise ofenderte. Sólo fue un baile. Eso es todo.
Sandra no contestaba nada y tampoco estaba en ninguna parte. Sólo quedaba el baño por revisar, la que estaba asegurada. Henry, insistentemente, tocó y tocó, y nada. Sandra no contestaba. Entonces acudió a su fuerza física y logró abrir. Y encontró a Sandra muerta, ahogada en la tina.

Desde nuestra tierna infancia nos han enseñado a comparar y la comparación se ha vuelto algo tan arraigado en nuestro ser. Ciertamente la comparación es una enfermedad, una enfermedad suicida. Y el suicidio es fruto de la mente comparadora. Compara a cualquiera que pase junto a ti, y surgirán los celos. Siempre ocurre así: alguien tiene un hermoso jardín, alguien lleva una vida mejor que tú, alguien tiene un auto de último modelo, alguien es más guapo que tú, alguien es más simpática que tú, alguien baila mejor que tú, alguien es más inteligente que tú, alguien tiene un mejor esposo que tú, etc. Esa mente comparadora es la causa de todos los celos, las desdichas, las desventuras, y los sufrimientos de la gente. La comparación es la causa de los suicidios.

En cierta ocasión Bernard Shaw dijo: ‘si no voy a ser primero en el cielo, me gustaría ir al infierno… pero me gustaría ser el primero’. La mente comparativa siempre quiere ser el primero, lo cual es un fenómeno psicológico muy sutil, tanto que parece natural. De una manera u otra uno quiere ser el primero y así sigue construyendo castillos y castillos con un grano de arena.

Recuerdo una anécdota. Tres mujeres del hampa, madre todas, estaban hablando de las hazañas de sus hijos y se enorgullecían mostrando lo precoces que eran para el delito, tomando en cuenta que estaban en un país envuelto en exceso de velocidad y violencia.
La primera decía:
-Mi hijo tiene cinco años y me salió de una rapidez asombrosa. Entramos a un supermercado y sin que lo pudiera ver el guardia de vigilancia se robó, él solito, dos litros de leche, un yogurt, un paquete de arroz y cuatro botellas de bebidas gaseosas.
La segunda suspiró:
-Ah, es que tú no viste a mi hijo que tiene tres años apenas. El otro día fui con él a una casa de electrodomésticos y se robó una batidora, dos radios, cinco compacteras portátiles y un DVD de última generación. Y todo sin que nadie se diera cuenta…
-Vaya, vaya –replicó la tercera que tenía un embarazo de siete meses–. Eso no es nada comparado con el mío.
Y las otras pararon las orejas y, una de ellas, dijo:
-¿De qué estas hablando, si tú recién estás embarazada del primero?
-Además –complementó la otra– ¿qué hazaña puede haber hecho si todavía no ha nacido?
Entonces la embarazada replicó:
-¿Qué no? Para que vean: el otro día me rasqué la entrepierna, porque me picaba, y sin que me diera cuenta me robó todos lo anillos y el reloj.

Así es la mente comparativa: siempre quiere sobresalir, siempre quiere ganar, siempre quiere ser el primero, aunque sea en la estupidez, siempre quiere ser el primero. Y debido a esa mente ya no puedes confiar en nadie y eres capaz de suicidarte. Así es como este mundo funciona y pierde su belleza. Pero si dejaras de comparar, dejaras también de ser celoso. La comparación es la causa de los celos y, a causa de los celos, creas problemas de toda clase, y problemas que no existen. Todos los problemas son tus creaciones. Te vuelves demasiado aficionado a los problemas. Creas problemas hasta que vas a parar al borde del mismo suicidio.

Cuando eres celoso, con un grano de arena construyes edificios enormes, agrandas los problemas, publicas a todo el mundo. Todo porque eres celoso. Cuando comparas, ves que una mascota es más querida que tú y sientes celos. Deja de comparar, y se desvanecerán los celos. Los celos son la causa de tus sufrimientos. El negocio de los sacerdotes, los psicoanalistas, las iglesias, las instituciones de asistencia a las familias, a las parejas, los gurús, los rabinos, los popes, existen gracias a tus celos y a tu mente comparadora. Si dejaras de comparar, ellos también dejarían de existir.

La comparación es una actitud muy necia. ¿Por qué? Porque cada persona es única, es incomparable, es irrepetible. Por ejemplo: en Bolivia ha aflorado más, en estos últimos años, que ‘CAMBA’ es sinónimo de raza superior, impecable, eficaz, hospitalaria, etc. De hecho uno puede constatar eso cuando uno llega a la ciudad de Santa Cruz. A la entrada está un letrero que dice: ‘LA HOSPITALIDAD ES LEY DEL CRUCEÑO’, pero eso es falso ya que, cuando uno llega, lo primero que te preguntan es: ¿de dónde eres? El interés estriba en saber si eres ‘Colla’ o no, cuando la Hospitalidad alude a otra cosa, a la Acogida sin distinciones ni preguntas de ninguna naturaleza. La Hospitalidad es simplemente Hospitalidad, no tiene matiz partidaria ni cultural.

Sin embargo, en Santa Cruz, la Hospitalidad es una palabra corrompida, parece más una palabra detestable o algo repugnante, porque el ‘camba’ le concedió ese matiz racista. Pero, en el fondo, ser ‘camba’ es una simple creencia, inculcado por un inconsciente colectivo donde reina la enfermedad de la comparación. Se compara demasiado con el ‘Colla’ y para creer que es superior se hunde, él mismo, en un complejo de inferioridad. Por eso el Cruceño adolece del complejo de inferioridad y, para el colmo, de ello es absolutamente inconsciente. En el Oriente Boliviano ha florecido una mente tan estúpida donde el ‘camba’ es capaz de entregar su propia alma a cualquiera que le ofrezca un pasaporte para sublimar su raza, como signo de autoprotección.

Eso es exactamente lo que ha querido hacer una de sus Missses que, debido a ese complejo de inferioridad manifestada en la mente comparativa, cuya máscara es creer ser superior con sólo ‘ser camba’, estando tan arraigado en ello, declaró sólo estupideces en un certamen de belleza que se llevó acabo en Ecuador. Creo que todos los bolivianos lo vamos a recordar siempre. Ella dijo, nada menos que, representando a Bolivia: ‘en Santa Cruz, los ‘cambas’, hablamos inglés, somos de ojos azules, somos gente de raza blanca’, y demás tonterías. Sin duda ha hecho el ridículo, sólo demostró la pobre, poca inteligencia, subhumana que tienen los cruceños debido a su creencia particular, y eso demuestra que en el Oriente Boliviano no ha evolucionado la inteligencia. La evolución de la inteligencia no depende de ninguna creencia. Por eso alguien les habla de Democracia, ellos gritan ¡democracia! hasta en un funeral; alguien les habla de Autonomía, ellos gritan ¡autonomía! hasta en los estadios y en las iglesias; alguien grita estado de derecho, y ellos gritan ¡estado de derecho! estando entre las vacas; y lo peor es que no tienen la menor idea de lo que dicen, me parece que dicen por ignorancia. Allí la inteligencia es tan pobre que se creen la mejor raza del mundo, pero eso es una simple creencia, porque ni siquiera intelectualmente no lo han demostrado. Vive recluido en las rejas de su propia creencia. Sin embargo, allí, la mente comparativa está muy evolucionada.

La sociedad cruceña, mediante sus agente sociales, el padre y la madre, los profesores, las mismas autoridades políticas y religiosas, van inculcando el afán de comparar desde su tierna infancia a los ciudadanos. Para esa mente decadente lo malo, lo feo, lo ineficaz… está asociado al ‘Colla’ (que es otra creencia, pues ‘colla’ en sí, en Quechua, significa ‘cobarde’ y la cobardía es una característica humana universal más que regional. Por eso es una simple palabra malentendida exactamente igual que ‘Camba’). Sin embargo, todo denominativo con la cual asocia al ‘Colla’, para el ‘Camba’, funciona como autoprotección o como una coraza. Y cada vez que ve surgir a un ‘Colla’ se siente tan herido y tan ofendido en lo más profundo de su ego. Ver a alguien por encima de uno, duele y, como duele, no puede tolerar. Está obligado a refugiarse en el artilugio de la comparación. Para ellos, siempre, alguien está por encima o alguien está por debajo. Y esto es un verdadero círculo vicioso reinante en aquella sociedad.

Esa forma de vivir comparando es la que crea los celos, es decir, alguien está por encima, y él se siente celoso, porque esa persona ha triunfado y él ha fracasado, o viceversa. Esto es claro en la política actual boliviana. Asimismo, la conclusión de que ser ‘camba’ les hace superiores es un a priori fundamental de aquella cultura, de aquella sociedad, por eso parecen buenos creyentes y católicos, y, eso hace de ellos no científicos. Y de hecho, en Santa Cruz, hay más creyentes que en cualquier parte de Bolivia. Son creyentes en esto y aquello, pero no son científicos. He ahí su decadencia, su adolescencia, su inmadurez, y su infantilismo. En una palabra: fácil de ser manipulado por cualquier asunto político o religioso.

Hemos dicho que esa comparación crea los celos. Ahora bien, los celos, son una de las áreas más frecuentes de la ignorancia psicológica sobre uno mismo y sobre las relaciones con otros. La gente cree que sabe qué es el amor, pero en realidad no sabe. ¡Malentiende!

He escuchado ésta anécdota: Fabiana estaba tomando café con Andrea. Fabiana preguntó:

-¿Cómo sabes que tu marido te ama?
Andrea contestó:
-Saca la basura todas las mañanas.
Fabiana dijo:
-Eso no es amor. Eso es buen trabajo doméstico.
Entonces la otra dijo:
-Mi marido me da todo el dinero que necesito para mis gastos.
Y ella respondió:
-Eso no es amor. Eso es generosidad.
La otra siguió argumentando:
-Mi marido nunca mira a otras mujeres.
Ella contestó:
-Eso no es amor. Eso es cortedad de vista.
La otra replicó:
-Alberto siempre me abre la puerta cuando llego.
Fabiana seguió retando los argumentos de Andrea. Dijo:
-Eso no es amor. Esos son buenos modales.
La otra finalmente dijo:
-Alberto me besa incluso cuando he comido ajo y tengo los rulos puestos.
Y Fabiana aprobó diciendo:
-Bueno, ¡eso es amor!

Todo el mundo tiene su propia idea a cerca del amor. Y, como tal, las ideas siempre son ‘a cerca de’, nunca son el amor mismo. Por amor se refiere a un cierto monopolio, de ganas de poseer algo, un varón o una mujer. Pero un individuo, sea varón o mujer, cuando es poseído como una cosa deja de ser algo vivo. Sencillamente ¡ha muerto! El que posee a una persona como una propiedad privada es un homicida, porque la vida no se puede poseer, es algo gratuito, libre, tanto que en cualquier momento se puede ir. La vida es como una mariposa que se posa en las manos abiertas de una flor y, como estas están abiertas, se va en cualquier instante. Que el amor sea así es una simple verdad de la vida, pero si comprendes como un cierto monopolio, evidentemente, sufrirás sin motivo alguno. Incluso puede que llegues a suicidarte o, por lo menos, irás a sentarte en el diván de un psicoanalista. Respecto al amor es necesario tener siempre las manos abiertas.

En cosas del amor el miedo al mañana está destruyendo el hoy. Amas a un hombre, amas a una mujer, y más si es guapo o guapa, quieres poseerlo sólo por miedo a que se marche mañana. Esa es la situación. Pero llega un momento en que él o ella se van y confirmáis vosotros que, vuestros celos, tenían razón, y comenzáis a sufrir debido a vuestro malentendimiento del amor.

Mi sugerencia es: si alguien los ama, dejad que os ame; si alguien es amado o amada, dejad que sea amado/a. ¡No interfieras en su camino! Si alguien está de júbilo con otro o con otra, dejad que esté de júbilo; si alguien celebra con otro o con otra, dejad que celebre. ¡No seas una entrometida o un entrometido! ¡Vive el amor hoy, no la desperdicies! Es tu única oportunidad. Que ella sea feliz con otro, está bien, lo más importante es que sea feliz; que él es feliz con otra, está bien, lo más importante es que sea feliz. ¿Para que tener un infeliz o una infeliz a tu lado? Si así ocurriera tú vida no sería más que un infierno, porque la infelicidad crea infelicidad. Es una enfermedad contagiosa.

Si amáis tanto ¿cómo podéis destruir la felicidad del otro? Otra vez, ¡No seas una entrometida o un entrometido! Tú sé totalmente feliz, hoy mismo, no importa con quién. No te preocupes si el otro o la otra ha progresado en el conocimiento del amor. Volverá pronto, regresará. Y si no regresa ¿por qué preocuparse? Para ti se abre la gran oportunidad para seguir progresando en el amor. El amor es amplio, no es una cárcel. El amor es libertad, una libertad que no tiene límites de ninguna naturaleza. Pero a ese amor lo carcomen los celos. Los celos son síntomas de que aún no has aprendido lo que es el amor. Por tanto tienes la oportunidad de progresar, de evolucionar.

Los celos son la ausencia del amor. Así que tú eliges: o inviertes tu energía en los celos o en el amor. Tenlo presente. Sin embargo no intentes solucionar rechazando el no-amor o rechazando los celos, simplemente obsérvalos y, ellos, desaparecerán. Si intentas solucionar, como parece lógicamente, crearás más problemas. Sólo obsérvalos y, poco a poco, te olvidarás de los celos y ya no te provocarán molestias. Obsérvalos y compréndelos, sólo así sabrás que estás haciendo el ridículo siendo celoso o celosa. No lo olvides: ¡Obsérvalos y compréndelos!



Khishka

PASTORA


(Todo está relacionado)

Una pastora vivía en el campo cuidando sus ovejas. Tenía más de quinientas. La casucha donde vivía era precaria, pero el pasto para las ovejas era abundante. Ella solía recoger agua de un pozo que se encontraba muy cerca de su choza. El pozo contenía un sapo que, cada vez que ella iba a recoger el líquido elemento, provocaba en ella ciertas reacciones. Pero, con el tiempo, el anfibio comenzó a causar rechazo y fastidio por parte de la pastora, ya que siempre se encontraba dando vueltas dentro del pozo.

Un día estando en pleno fastidio, la mujer, tomó la decisión de quemarlo al animal. Lo sacó del pozo, lo llevó, y lo arrojó al fuego y a las brazas ardientes. El sapo, muerto o vivo, quiso escapar de la catástrofe pero, la mujer, no se lo permitió. Después de un rato el pobre sapo terminó achicharrado en el fuego y la braza ardiente. Finalmente terminó en cenizas y al fin, la pastora, descansó de la presencia fastidiosa del anfibio.

Sin embargo, pasaron unos días y el pozo comenzó a secarse, el agua disminuyó, los arbustos a su alrededor comenzaron a secarse y no hubo más remedio. Entonces acudió al Adivino del lugar y éste le dijo:

-No habrá más agua en el pozo, por tu culpa, porque haz quemado al dios del agua. Ese sapo hacía que exista agua, pero ahora, el lugar, está condenado a secarse y convertirse en desierto.

La pastora haciendo caso omiso de las palabras del adivino decidió ir al río más cercano para conseguir un nuevo sapo y así resolver la deuda, pero el otro sapo, traído de otro lado, también se murió porque no era su hábitat natural.

¡Todo está relacionado! Nada ni nadie es una isla en este mundo. Si bien ahora eres lo que eres, cuando mueras te convertirás en comida para otros seres, para los gusanos u otros microorganismos. Esos microorganismos se transformaran en tierra y, la tierra, se transformará en exquisitas frutas, verduras, espléndidos árboles, majestuosas rocas… Esa transformación puede que duren miles o millones de años, pero ocurrirá. Las generaciones humanas y los otros seres del futuro nos necesitarán, exactamente, igual que nosotros necesitamos del ellos para subsistir mientras estamos aquí. La vida es un juego de ese tipo. Todo tiene que ver con todo, aunque en la mente humana parece separado, completamente aislado. La separación y la división son las ficciones más grandes de la mente.

Así que unas veces pudiste haber sido un gato, otras veces una hormiga, a veces un árbol, una fruta, una roca, un río, una montaña, un pez, etc., etc. Si hoy eres un ser humano, magnífico, pero ten en cuenta que otras veces serás un gusano, un mosquito, un ternero, un ratón, una mosca, un pez, un búfalo, un camello, un águila, un perezoso, una flor o un picaflor. Hay tantas vidas que la existencia hace posible. La muerte de cualquier ser es una operación quirúrgica más espléndida obrada por la naturaleza por eso, la muerte, no existe como una realidad sino como posibilidad de cambio o transformación en un nuevo ser. Estamos en manos de la Naturaleza y de la Existencia. Nada se pierde definitivamente, todo cambia, todo se transforma, todo se renueva y, lo único que existe es esa transformación constante. ¡Así que sé generoso! ¡Colabora a este gran milagro de la vida! ¡No seas un mexquino!

El ser humano de comprensión religiosa debería tener presente lo siguiente: cuando matas una hormiga estás cometiendo un asesinato, tu propio suicidio, estás matando a tus ancestros; cuando comes una frutas debería ser consciente que alguien da su vida para que tú subsistas; cuando comes unas verduras, por vegetariano seas, debería tener presente que sigue siendo carnívoro, pues la verdura es carne transformado en verdura. Por eso todo lo que hace un ser humano, en relación a las cosas, debería hacerlo con infinita reverencia y respeto. El Todo está trabajando para ti, para que vivas feliz y no te falte nada, y como tal debería ser tu respuesta, dar de tu parte y trabajar por el Todo. Y esto es una verdadera actitud religiosa.

Sin embargo, frente a esa comprensión, la mente es la ilusión más grande que quiere resolver ese milagro de la vida, el milagro de la interdependencia, pero siempre ha fracasado. La mente es violenta, incomprensiva, astuta, frente a todo ese conjunto interdependiente. Ella, debido a su incomprensión, quiere deshacerse del sapo y, cuando las cosas ya están al borde del abismo, quiere solucionar lógicamente. Pero la vida no es lógica, es simplemente vida, esto es Misterio.


Khishka